La Sub 19, campeona de Europa por segunda vez

Por Irene García (@IreneGarciaRM)

Tras una remontada memorable ante Francia (3-2), una generación de oro se proclama campeona de Europa en Irlanda del Norte.

El balón parado fue el culpable de la gesta. La estrategia, y un grupo de jugadoras que está llamado a llevar las riendas del fútbol femenino nacional de aquí a unos años. Con Patri Guijarro a la cabeza, quien ha pasado de promesa a contundente realidad en poco tiempo, la Sub19 se repuso a un gol tempranero de Francia, un jarro de agua fría cuando apenas empezaba a rodar el balón.

La sombra de esos seis años de finales perdidas en este mismo torneo se posaba caprichosa sobre Windsor Park. Sin embargo, el hambre y el buen hacer de España ante el golpe en la mandíbula la mantuvo ambiciosa, constante, bajo la batuta de Aitana Bonmatí y las embestidas de Patri Guijarro. Damaris y la mallorquina se pusieron el disfraz de superheroínas y en cinco minutos finales de gloria bendita, cabecearon sendas faltas laterales puestas en juego con el guante de Carmen Menayo para burlar al destino y gritar que esta vez sí, somos campeonas de Europa.

#LaDiferenciaPelayo: La cicatriz es bella

Por Juanma Trueba (@juanmatrueba)

Caer eliminado en los penaltis es un tipo de muerte gloriosa, especialmente cuando no hay nada que reprocharse. Perdimos como pudimos haber ganado. Prosigue el aprendizaje y la cicatriz servirá en otro momento como señal indicadora. Los colmillos se tuercen así y si algo necesitamos son ojos inyectados en sangre, afrentas que vengar. Tenemos un grupo de buenas futbolistas que ahora deben aprender a ser malvadas.

El asunto se volvió sospechoso cuando las austriacas entretuvieron el tiempo que va del final de la prórroga a los lanzamientos con bromas y risas. Sabían algo que nosotros desconocíamos. Tal vez su portera venía de detener quince penaltis seguidos en los entrenamientos, o quizá se conformaran con lo conseguido, al fin y al cabo debutaban en el torneo. La psique austriaca está muy alejada de la española. En nuestra genética está el miedo a la responsabilidad, la pesadumbre por haber dejado al azar lo que debía haber resuelto el talento. La seriedad, la presión, el qué dirán. Importa poco quien falló porque chutamos todos con esa bota. El caso es que Zinsberger, de nombre Manuela, cumplió con su misión como austriaca y como futbolista del Bayern Múnich y nos dejó en el arcén contando amapolas. Volveremos. Odiar también sirve para definir los abdominales.

Como siempre en estos casos, lo ocurrido durante el partido pertenece a un mundo paralelo que se autodestruirá en pocas horas. Diremos, para consolarnos, que España salió bien, tomó el mando y sorprendió a Austria, un equipo de mucho músculo que pretendía ahogarnos con la presión alta, como si aquello fuera a asustarnos. El comienzo fue prometedor hasta que recordamos el problema. Nos falta un pase, probablemente dos. El último o el penúltimo, según. La Selección puede ser brillante en la circulación y en la aproximación al área, pero la portería siempre nos queda demasiado lejos.

Jorge Vilda intentó solventarlo con la titularidad de Mari Paz y un reajuste en la alineación que tuvo como víctima más ilustre a Jenni Hermoso. Ganamos solidez a cambio de imaginación. Mapi León reforzó la defensa y el resultado es que nos llegaron poco, respetamos el dibujo y probamos a chutar desde fuera del área, ejercicio muy saludable. Recitamos de memoria el manual. Sin embargo, no rebajamos un centímetro la altura del muro.

La impaciencia nos llevó a colgar balones y sólo logramos entrenar a las centrales austriacas. La ansiedad nos dejó sin aire y el rival aprovechó para lucir pulmones. Volvimos a mandar y a falta de quince minutos entró al campo Jenni Hermoso. Comprendo al seleccionador español. Hay que agitar la lámpara para que el genio salga propulsado. Entiendo peor al colega austriaco. Nadine Prohaska debe ser titular siempre, por calidad, elegancia y apellido.

La prórroga no pareció mal negocio con Jenni Hermoso sobre el campo, sin apenas desgaste y con cosas que demostrar. Dependíamos de una de sus ocurrencias, sola en colaboración con Amanda. No llegó. Nos entregamos entonces Mapi León, fabulosa en el esfuerzo y reconvertida en delantera. Pero tampoco hubo suerte. Terminó el partido, finalizó la prórroga y ellas comenzaron a reír, como si esta novela se hubiera publicado antes en Austria. Volveremos, no se inquieten. Y para entonces, en lugar de la hora, miraremos la cicatriz.

Foto © Copyright RFEF

#LaDiferenciaPelayo: La Selección pierde, pero gana

Por Juanma Trueba (@juanmatrueba)

Hay dos maneras de clasificarse para unos cuartos de final: con solvencia y con angustia. Ninguna asegura el pase a semifinales y esa es la buena noticia. España perdió contra Escocia, pero cumple con el objetivo primordial: estará en los cruces. Además, y como el fútbol es retorcido tirando a sádico, se enfrentará al mejor adversario posible, Austria. Será Inglaterra quien se mida a Francia. El domingo nadie recordará cómo llegamos hasta aquí. Lo que sigue es por si alguien quiere hacer memoria.

Arrancó el partido con la emoción por las nubes y el único descubrimiento, según transcurrían los primeros minutos, era que no sucedía absolutamente nada. España movía el balón como quien pasea al perro y las escocesas corrían de un lado a otro como si las paseadas fueran ellas. Lo único relevante es lo que ocurría en Inglaterra-Portugal. El gol de las inglesas a los seis minutos nos daba aire extra: podría valer la derrota. El empate en el 18 nos lo quitaba: podría no servir el empate. Debió ser la hipoxia lo que nos hizo reaccionar.

Después de media hora de tanteo, la Selección puso cerco a la portería rival. Irene Paredes, uno de los mejores centrales del mundo (incluyo a los masculinos), cabeceó un córner y la portera escocesa sacó el balón casi en la cepa del poste. Es muy posible que Gemma Fay nos leyera el pensamiento y decidiera argumentar en contra. La portería es el único puesto por evolucionar en el fútbol femenino. Hasta entonces y desde entonces, Miss Fay alternó errores gruesos con intervenciones divinas.

Cuando más cerca parecía el gol español, marcó Escocia. Resultaría paradójico si no fuera costumbre en el fútbol: quien salva la vida lo celebra en la cocina del verdugo. Sandra Paños falló en el despeje y la pelota cayó a los pies de Caroline Weir, la mejor de las highlanders. No sé cuánto nos duró el aturdimiento porque estaba demasiado aturdido para calcularlo.

En la segunda mitad abrimos el candado de la Santa Bárbara y recurrimos a Mari Paz para que jugara en la posición de mecha, dinamita y detonador. Apretamos, dimos un paso adelante y demostramos la distancia que hay entre ambos equipos, considerable. Llegamos al punto en que el rival no era Escocia, sino los caprichos del fútbol, su enfermiza obsesión por llevar la contraria. Tampoco ayudó dudar de Fay. Cuando no eran sus guantes los que nos detenían, era una compañera o el fantasma de William Wallace.

Perdimos, pero ganamos. Nos venció el fútbol y no conviene afearle la conducta porque tal vez pueda rescatarnos cuando de verdad importa. Jugamos bien, aunque luchamos con cuchillos de postre. Nos falta una sacudida y la tierra se movió contra Escocia. Quién sabe, quizá haya salido todo bien.

Foto EFE/Viincent Jannink

#LaDiferenciaPelayo: España cede ante Inglaterra y la imaginación del árbitro

Por Juanma Trueba (@juanmatrueba)

Inglaterra tuvo una presentación imponente: gol al minuto y otro más anulado (injustamente) a los cinco. Sus jugadoras habían saltado al campo con capa y botas altas. Su presión nos ahogaba y su defensa daba la impresión de estar alicatada hasta el techo. En esas condiciones, sólo quedaba tocar madera y firmar el empate. Por fortuna, exploramos otra vía: mover el balón. Inglaterra no resultaba tan peligrosa cuando corría detrás de la pelota. Fue Luis Aragonés quien dijo que la Selección debía decidir si quería ser toro o torero, y el equipo femenino también lo tiene claro. Su éxito pasa por el capote, por burlar la fortaleza física de sus rivales.

El problema es que las inglesas, en cada línea, parecían unidas por la barra de un futbolín. Apenas dejaban resquicios. Por si las dificultades fueran pocas, comenzó a diluviar en Breda. Había que inventar algo. Corredera probó a desbordar por banda y hubiera sido una buena idea de no emparejarse con Stokes, una centella. Irene Paredes, sobrina-nieta de Beckenbauer, quiso lanzarnos en largo, pero tampoco funcionó. Lo siguiente fue recurrir a Jenni Hermoso y Amanda Sampedro. Un regate, un caño, un truco. Necesitábamos algo que desordenara los apuntes de las inglesas.

La árbitra italiana Carina Vitulano nos sirvió una esperanza, aunque la retiró al minuto. Después de señalar penalti por mano (casi palmeo), rectificó con la excusa de que el balón había golpeado antes en la pierna de la defensora inglesa. Se trata de una interesante enmienda al reglamento (culpable o manazas) que debería ser aprobada por la FIFA antes de aplicarla por iniciativa propia en un campeonato de Europa.

Nos quedamos de piedra y nos remataron al rato. Nos mediremos contra Escocia con tres puntos, la clasificación en el aire y una lección aprendida: no podemos permitirnos ni un despiste ni una árbitro innovadora.

Foto @UEFAcom_es

#LaDiferenciaPelayo: España debuta sin despeinarse

Por Juanma Trueba (@juanmatrueba)

Hay algo que trasciende al juego e incluso a los resultados de un equipo de fútbol. Es el aspecto. Las sensaciones que transmite. La seguridad. Y también, por qué no decirlo, la elegancia. Cómo te cae el uniforme puede ser un indicativo de cómo te sienta el torneo, de si se ajusta a tu talla.

Lo obvio es señalar que la selección española de fútbol ganó a Portugal sin el menor sobresalto y no se puede pedir más para el partido inaugural de un gran campeonato. Sin embargo, lo que más llama la atención del equipo es el modo de manejarse, la facilidad para encontrar soluciones, la ausencia de crispación. El estilo de la Selección no es sólo futbolístico, ni siquiera filosófico. Es físico. Alexia, Losada o Hermoso, por no citar la alineación entera, comparten unas características (presencia, agilidad, clase) que nos convierten en un grupo homogéneo, enriquecido con la explosividad y el nervio de Amanda Sampedro. El campeonato nos colocará donde corresponda, pero España se mueve con aire de candidata y la cuestión es de máxima relevancia, pues en todo romance debemos empezar por enamorar al espejo.

No me entretendré demasiado en los reproches que se sirven para este tipo de ocasiones. Es verdad que hubo momentos en que perdimos el hilo y también es cierto que, de haber pisado el acelerador, hubiéramos conseguido una goleada de utilidad para deshacer posibles empates. No importa, créanme. Aunque está en nuestra genética el lamento permanente, el primer objetivo de todo debut debe ser no resbalar en los escalones de acceso al campo. El resto es casi irrelevante.

Lo mejor es quedarse con la capacidad de ejecución. Al cuarto de hora, Vicky Losada aprovechó un pase de Pereira (Andrea, no Luiz) para adelantar a España en el marcador. Así se explica fácil, pero el envío de la central del Atlético fue de una precisión infinitesimal y el control de la delantera del Barça de una dulzura maternal. El golpeo final lo hubiera firmado León El Profesional.

La intriga, si es que la hubo, terminó cuando Amanda Sampedro cabeceó con toda la intención un balón a la olla. Según la pelota volaba hacia la red nos dio tiempo a pensar que el fútbol no es un asunto de fuerza, sino de destreza. Y juraría que tenemos de todo. El estilo, la confianza, la determinación y, desde hoy, la primera victoria.

Foto EFE/VINCENT JANNINK

#LaDiferenciaPelayo I Séptimo de caballería

Por Irene Garcia (@IreneGarciaRM)

Antes de volar hacia Holanda y presentar las armas vestidas con piel de cordero, sabiendo mejor que nadie que no deberían fiarse de nosotras, España solventó el último amistoso haciéndole un siete a Bélgica. Pudo haber más, e incluso mejor, pero quiero ser prudente y no darle pistas a los rivales sobre lo lejos que le queda el techo a este equipo en este instante. Iremos a Holanda sin nada que perder. Qué placer.

Parece que a Bélgica apenas le quedará el consuelo de su gente al ser un país colindante, porque La Roja la dejó malherida tras un vendaval de pegada que desata la algarabía del quizás y del se puede. Querer se quiere, y a los cuatro minutos, la mejor versión de Alexia Putellas inauguró el marcador y le dio tiempo a firmar un doblete antes del descanso. Previamente, la Selección tejió una jugada que nos recordó a cualquier tiempo pasado y mejor. Un, dos, tres toques, centro, y Vicky Losada para rubricar un cuadro que hubiese firmado el mismísimo Van Gogh. El fútbol pinta mejor cuando es de los artistas, y España lo sabe.

Tras el descanso, el equipo que dirige Jorge Vilda no quiso ser grosero con el espectáculo y mantuvo el listón. Llegó Mariona Caldentey, omnipresente durante los minutos que duró en el terreno de juego, para, con su pierna mala, marcar un golazo desde fuera del área que saludó a la escuadra con cariño. Cómo debe ser la pierna buena, se preguntan los más incrédulos. En España abundan los argumentos con nombre y apellido, y Amanda Sampedro es uno de ellos. Volvió a moverse con soltura por donde le dejaron, que fue casi lo mismo que moverse prácticamente por donde quiso, y junto a Vicky y Silvia Meseguer llevó las riendas del equipo en tres cuartos.

A Jorge Vilda le sobran soluciones porque lo que metió desde el banquillo apuntaló el marcador y se apuntó al dolor de cabeza que supone elegir entre tantas y tan buenas, como es el caso de Olga García y Mari Paz Vilas. Si vamos a vivir del pasado, estamos bien. Si le hacemos caso al presente, podemos cerrar los ojos y empezar a soñar, España está más que despierta.

Foto cabecera © Todofutboleras.com by Pelayo

#LaDiferenciaPelayo I Mandó España y ganó Brasil

Por Juanma Trueba (@juanmatrueba)

A este tren nos subiremos todos. Hablo del fútbol femenino, como pueden suponer, y no lo digo para criticar a los que todavía no miran, o lo hacen de reojo, yo mismo era uno de ellos: demasiado ocupado como para prestar atención al rumor que venía de la otra orilla. Ahora estoy convencido del cambio de tendencia, aunque todavía cuelgue de mi cuello el cartel de advenedizo. Es obvio que nuestra evolución como sociedad nos conduce hacia un fútbol sin género, el problema es saber cuánto tardaremos en completar el trayecto. No será mucho, según creo. El fútbol femenino español ya ha comenzado a tirar de nosotros y el empujón será considerable en el próximo Campeonato de Europa. Apuesto a que entonces las cadenas de televisión no se atreverán a despedir la conexión antes de que se complete el tiempo añadido, tal y como ha sucedido en el España-Brasil, resumen, desde este punto de vista, de todo lo conseguido (transmisión en directo) y todo lo que queda por conseguir (alargar el respeto hasta el descuento).

La derrota ante Brasil no altera la hoja de ruta. Al contrario: diría que nos proporciona un interesante disfraz de cordero. No hubiera resultado prudente presentarse en Holanda con un expediente tan brillante y con cartel favorito. Mejor que crean que estamos en fase de maduración. Mejor que no vean el partido. Si lo hacen descubrirán que España fue superior durante tres cuartas parte del choque y que fue su propia superioridad la que le distrajo en los últimos minutos. De haber ganado habríamos bailado más, pero hubiéramos aprendido menos.

Lo relevante es que la Selección sigue en el buen camino. Tanto, que se permitió el lujo de desarbolar durante una hora a Brasil, equipo donde juega la mejor futbolista del mundo, Marta, cinco Balones de Oro consecutivos. En ese largo tramo, lo más brasileño que hubo sobre el césped fue Amanda Sampedro. Desde la posición teórica de Iniesta, la futbolista del Atlético hizo fluir el juego, provocó un penalti y consolidó el absoluto domino de España.

Si andamos escasos de gol es porque hay tardes mejores y peores, y porque nos faltan algunas piezas de artillería que se irán incorporando poco a poco. Nada grave en comparación con las señales positivas: la facilidad de la línea de tres para sacar el balón jugado, la imponente madurez de Irene Paredes (pregunten a Marta) y la fabulosa energía de Mapi León, 21 años y el mundo en sus pies (concretamente, en su zurda).

No hay de qué preocuparse. El primer pedazo de futuro se sirve a partir del 19 de julio, contra Portugal. Esa fecha determinará un giro en el cuello de los aficionados y un freno en el impulso de los realizadores televisivos. Quien quiera viajar sentado debería subirse ya al tren.

Foto cabecera: Eidan Rubio RFEF

#LaDiferenciaPelayo I España fue Audrey

Por Irene García (@IreneGarciaRM)

Apenas unos pocos cinéfilos y acérrimos defensores de la leyenda que acuñó Blake Edwards mediante un puñado de diamantes, sabrán que Audrey Hepburn nació en Bélgica. Algo así como un símbolo nacional que no lo es tanto, después de aceptar la ciudadanía británica y hacer de sus orígenes un lejano recuerdo mientras paseaba por las colinas de Hollywood. Años después, España asaltaba Lieja, que no Flandes, de nuevo uniformada, deslumbrante y armada de brillantes. El equipo dirigido por Jorge Vilda saltó al césped del estadio del KAS Eupen con tres centrales y dos laterales para acechar los flancos belgas, Leila Ouahabi y Marta Corredera. Vicky Losada y Amanda Sampedro fueron delicadas en el pase y en la creación, se pusieron sus mejores galas y como si de un día de compras por Tiffany´s se tratase, recorrieron los pasillos del centro del campo sin pudor, sin respeto y sopesando las posibilidades del asalto con balones entre líneas para Olga García y Maripaz Vilas.

Al ritmo que marcaba España, Bélgica apenas se encontraba a sí misma en balones largos que llegaban a las manos de Sandra Paños sin peligro alguno. La Roja, como Holly ante la cristalera, intercambió la inocencia por astucia y sofisticación en una magnífica jugada con punto de partida en el centro del campo. Amanda Sampedro le abrió las puertas de la derecha con un precioso pase a Marta Corredera que se internó por la banda y puso un centro medido para que Vicky Losada inaugurase el marcador. La Selección perpetuó su dominio con el segundo tanto gracias a un cabezazo soberbio de Mari Paz Vilas que se adelantó a la defensa con más hambre que nadie.

Tras los minutos de descanso, Jorge Vilda dio entrada a Bárbara Latorre y Marta Torrejón, y sin embargo, España siguió como si nada. Dominaba el balón, mandaba en todas las facetas del juego y mostraba alternativas ante los pocos recursos de las belgas, la mayoría, con rápidas transiciones. En una de ellas, Cayman recortaba distancias y España respondía ajustándose el tocado. Trabajó, movió el balón, y las belgas cayeron en la trampa de Alexia Putellas que provocaba un penalti que transformaría Jenni Hermoso para el 1-3. La delantera madrileña no dijo la última palabra desde los once metros, sino que después de una orquestada combinación, su disparo desde la frontal del área abrazaba la red ante el desánimo de las belgas ante un contundente e incontestable 1-4.

Siempre vendrá a mi mente aquella memorable escena entre Holly Golightly y Paul Varjak: “¿Conoce usted esos días en los que se ve todo de color rojo?” Bélgica no tuvo tiempo ni de pestañear. España sacó a relucir los diamantes en bruto que van cogiendo forma de cara la Eurocopa. Y qué diamantes, Audrey volvió a la vida.